“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había
de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el Hielo... ”
Cuando Philip K. Dick escribe sobre entropía inventa una palabra para designarla: “Kipple”: John Isidore el personaje creador de robots en la novela que dio origen a Blade Runner dice que, a poco que nos descuidemos nuestra casa se llenará de Kipple. Palabra que denominaba para nombrar a todos esos objetos que uno “no puede” o se atreve a desechar: regalos de aromas lejanos, cartas amorosas llenas de veneno, envases aparentemente vacíos de algún que otro remordimiento, etc. en fin, insidiosos recuerdos de índole diversa. John Isidore sostenía que incluso cuando no hay nadie en casa el “kipple” sigue vivo y reproduciéndose. Asombroso ¿no? Bueno pues si se piensa bien, algo de esto está sucediendo; nuestra época, la denominada Era de la Información bien podría explicarse con ese concepto: los grados de contaminación informativa (sobre todo visual) está llenándonos la casa de Kipple con el software como agente expansivo… En una clara representación reticular del mundo, nuestros hábitos y nuestras costumbres se modifican continuamente, entre millones de vías de conexión e infinitos flujos de “pixels” en las pantallas de los ordenadores, en medio de un ingente ruido documental procedente del incesante tráfico de correos electrónicos. De igual manera apabulla la presencia de pantallas, monitores, computadoras y demás herramientas de la ya fenecida era electrónica/digital, asimismo una impredecible cantidad de tecnología móvil perturba la estabilidad de cualquier sistema de referencias, su aparente inmaterialidad no es tal y una gran parte de nuestra vida depende del software. Por tanto cabría preguntarse ¿Cómo es “eso” del software que define el mundo? y ¿de qué forma afecta a nuestro modo de existencia? Pensemos pues, en el soporte de toda esa avalancha, en el magma de esta formidable invasión de complejos elementos operativos; puesto que en el futuro-presente, “confiaremos” nuestra intimidad a algún servidor lejano, frío e indiferente, más que maravillar, intranquiliza, asusta saber que la información estará ahí, en cualquier sitio, en cualquier momento y si no está disponible en un servidor seguramente habrá otro donde también tengan nuestras andanzas, o mejor decir nuestras vidas, la real, la simulada, uffff… también la falsa o quizás las complementen y amplíen, y el resultado sea una aproximación tan irreal como probable, eso si, accesible y manipulable en cualquier momento y lugar, lo que se ha dado en llamar un Fake repleto de kipple. Entonces a que viene tanta paranoia exponencial y compulsión acumulativa con la confidencialidad. Lo "más importante" será aquello que logremos ocultar de las garras de dicho software, lo verdaderamente nuestro, y solo seguirá en algún lugar secreto de nuestro corazón y en parte, en algún profundo e inexpugnable rincón de nuestros pensamientos si somos capaces de neutralizar toda esa subliminal agresividad con la que los medios data-masivos intentan introducirse en nuestra intimidad continuamente. Exactamente por eso, es por lo que nos debería interesar entender las nuevas formas de control, comunicación, representación, simulación, análisis, toma de decisiones, memoria, visión, escritura e interacción de toda esta superestructura. Comenzando por considerar al software como el poroso tejido de esa gigantesca ameba que contiene todo lo concerniente a un nuevo paradigma: la apostasía de una Cyber-sociedad incapaz de contener tal avalancha, que como una suerte de epidermis invertebrada se introduce, sin pausa y sin control, en todas las áreas de la sociedad contemporánea, invadiéndolas sin concesiones; a diferencia de antiguos medios tradicionales, éste entra en la intimidad de cualquier casa a través de la macro-red llamada televisión o Internet*. Como si de una deconstrucción territorial perpetua se tratara se utiliza, socialmente, como argumento perfecto para propagar el espejismo de la seguridad en una sociedad entrópica que se balancea, incierta, entre la metáfora del modelo biologicista y la trama conspirativa que no cesa; Sin embargo, esto no es más que una mera ficción pues, mientras el último safari de la vanguardia científica se halla ocupado tratando de encontrar la molécula de Dios, en absoluto, permite que se acorten las distancias entre el ser y la vida, o quizás se trate de La Gran Mentira, ya que ante esto ni siquiera es necesario recurrir al desván de la génesis en las relaciones entre el hombre y su mundo, podemos “comprender” las corrientes del progreso y, mediante la intuición científica, distinguir sus avances y sus retrocesos, pero jamás podremos “entender” el porqué de la evolución en su totalidad. Visto desde esa perspectiva la naturaleza del ser, sustancia de la vida, debe resultarnos “algo” ilimitado sin comienzo ni fin… por fortuna, para nosotros, nuestras dudas no pasan por esos sitios y únicamente nos dedicamos a alimentarnos y reproducirnos; este inquietante escenario sugiere que nos encontramos ante un apabullante dominio post-cibernético que, a su vez, nos ha conducido a una homeostasis incondicional ¿alguien duda de que este software y otras nuevas formas no están siendo utilizadas en una creciente maniobra de desmaterialización de los sujetos “reales”? desde luego también para una transformación en la definición del tiempo y del uso del espacio, surgen nuevas características como la movilidad, la fluidez y la flexibilidad. Aún habiendo apostado decididamente por lo efímero, el software parece dispuesto a sustituir el concepto “mass-media” en lo que se refiere a la organización de la realidad. Se rompen las barreras entre lo público y lo privado mediante transacciones de información de todo tipo. Como consecuencia asistimos a una perdida de identidad, la desnaturalización del individuo (no solo aspecto físico, sexo, personalidad...), la disolución del “yo” ¿por fin el cuerpo romperá la máscara que le protege o simplemente desaparecerá como el azucarillo de la homogeneización? Un pequeño detalle de cómo va penetrando en nosotros, móviles inteligentes o smartphones* que detectan desde que punto exacto del planeta, estás efectuando y/o recibiendo una llamada telefónica, con una precisión exacta en su perímetro occidental y, aproximadamente en un radio de 10 metros, en zonas poco colonizadas. (ya sabemos… padres controlando hijos, maridos a sus amantes, ladrones a polis etc.); Hace tiempo que comenzamos a considerar la intimidad como una perversión; más todo esto no es nuevo, ya desde Foucault algunos francotiradores proclaman su pesimismo respecto a las posibilidades de nuestras aclamadas democracias occidentales pues consideran que tras la apariencia de una exaltación de la libertad absoluta se esconden nuevas y eficaces técnicas del control mas poderoso que jamás hayamos podido ni siquiera imaginar y sin embargo Google busca, Youtube destruye… but I like
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