
Al derribar la seducción del misterio, vosotros herederos de un entusiasmo olvidado, pletóricos, transparentes, entre nubes de cultivos sigilosos, deberéis profanar vuestros volcánicos juegos de Luna Nueva, extirpándoles el perdón, haciendo sonar lejanos tambores de duermevela para que embravecidos haces de luz penetren, entre parábolas de cristal, en el corazón de los sentidos: