“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había
de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el Hielo... ”
LA MODIFICACIÓN DE UN INSTANTE Durante años, fue la inamovible imagen de uno de los enormes balcones de aquél gélido y maravilloso caserón; la contemplé millares de veces y cientos de ellas la fotografié con mi vieja Polaroid; en cada una de esas imágenes siempre encontré motivos para imaginar una instantánea, un pellizco de vida en la vieja ciudad, ¿la meditación o el lenguaje? dos caminos casi opuestos se funden ahí donde nunca retrocedió el horizonte… ahora, ya en otro escenario; de cuando en cuando, revuelvo el silencio de los cajones intentando evocar los plieges del tiempo. De todas aquellas fotografías elegí una, no porque tuviera valor artístico --- como no soy un fotógrafo, para mí, no hay nada más bello que el sentimiento espontáneo que produce la quietud en época de imanencias --- tampoco por la nieve, ni siquiera por que parezca hecha con una cámara Lomo, sino porque la difuminada silueta que se vislumbra de la Catedral me traslada a esos inquietantes estados de calma que preceden al desasosiego, con ese frío silencio invernal de donde emerge una luz, fugaz pureza; agazapada en la sobriedad del volumen, adoptando proporciones más propias de un fantasmagórico y diédrico perfil repleto de sospechosos reflejos, que se asemejan a ciertos flujos de conciencia cuando forcejean con los desdenes; es ahí, cuando revolviendo millones de erosiones cinceladas en la naturaleza muerta de la memoria, acaece que uno se vuelve, mágicamente, vulnerable apareciendo el misántropo que para protegerse de sus fobias, en vez de suplicar cariño, fabrica ilusión con las trampas de la trascendencia. Minutos musicales Los Momentos... Encadenan imágenes a través del recuerdo